Un párrafo suelto

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No irrumpiste en mi vida como un torbellino. Lo hiciste con sutileza, casi como sabiendo donde pisar, cuidando el detalle sin pensarlo, porque conocías el sendero de memoria sin haberlo recorrido jamás. No viniste a hacer la revolución. Viniste a sentarte a mi lado y contar historias, a escribir un sueño con otros sueños.

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En la terminal

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Esperando, me quedé esperando en la desvencijada estación de aquel pueblito. Compré cigarros, y abrí el libro en la misma página que se obstinaba en violar la entropía universal y martillarme la conciencia: “A los verdaderos hombres no les pertenece nada. El tiempo y el dinero pertenece a los mediocres y…” No quedaba mas que encender un cigarro, arremangarse la camisa, dejar caer con desgano la mochila sobre el banco y sentarse sobre el piso. Una procesión de hormigas rojas, llevan hojitas y migas. “¿Qué sentirá Dios al matar y dejar vivir?” pienso irónicamente mientras mi dedo aplasta a la mas esforzada de las criaturas que diligentes llevan sus cargas. Hace instantes era vida vibrante por cumplir un objetivo, ahora una mancha que las suelas de zapatos borrarán inexorablemente. No soy tan bosta, al fin y al cabo, podría haberla matado y ni siquiera dedicarle estas líneas, su historia anónima de esfuerzo y su estúpida muerte hubiera quedado olvidada en la nada. Pero hoy la maté y también la llevé a la inmortalidad hasta que estas líneas las borre el olvido.

Corriendo a destiempo

Semilla Arbol

Un poema a destiempo es el desacuerdo del destino. Tenía cada una de las palabras perfectas, cada verso puntual para decirte hoy lo que no pude gritarte en la distancia. Me arreglé y hasta hice que las calles fueran de tierra, esas en la que los sueños de pavimento no pueden germinar. Tanto habíamos crecido que era necesario bajarnos del pedestal de la madurez y sentarnos en la vereda a crear nuestros sueños a fuerza de barro y juegos. Estuvimos tantas veces ahí, como una semilla condenada existir en potencial y nunca en árbol, absorbiendo el agua que jamás iba a ser savia, tratando de aferrarse a la arena. Una transición para ser veinte años hacia delante (nunca hacia atrás, porque el tiempo siempre nos arrea como orugas ciegas), cargados de sésiles libros y afiebrados idiotas corriendo detrás de luces.
Sin embargo, hoy llego a tu casa escapando de la lluvia, con la campera empapada de certezas, nostalgias y un papel entre las manos. Abrir la puerta y encontrarme con el eco de tu ausencia que rebota entre los concurrentes al velorio, con todas esas pupilas que me van revanando el anonimato. Desdoblo el papel, y como un niño que juega a alimentar el mundo con barro, te dejo estas palabras que hoy leo.

Humanos quieren llamarse ellos

Humanos Pastoral

“La muerte nos espera vestida de gala en todos los rincones, para tragarnos, y ya que no podemos detenerla con argumentos lógicos, por lo menos tratemos de positivar nuestro paso por la vida para ingresar en el estómago con nuestra mente funcionando y hacerle vomitar la esencia del que aunque ahora muerto no nació para durar. “

Alejandro de Michele