Amarras

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Las amarras no son mas que una ilusión
el mar bravío que golpea impotente,
la justificación para la quietud del alma,
la seguridad del puerto que nos cuida.

Vivir exige
la cara salada,
el riesgo ineludible,
la valentía de renunciar a todo,
excepto a uno mismo.

Entre el poder y la libertad

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A continuación un fragmento de la entrevista “La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad” (1984):

PREGUNTA: Parecería que existe una especie de deficiencia en su problematización, a saber, la concepción de una resistencia al poder. La resistencia al poder supone un sujeto muy activo, preocupado de sí y de los otros, un sujeto responsable tanto política como filosóficamente.

MICHEL FOUCAULT: Esto nos lleva al problema de lo que entiendo por poder. No empleo casi nunca de forma aislada el término poder y, si lo hago alguna vez, es con el fin de abreviar la expresión que utilizo siempre: relaciones de poder. Pero existen esquemas ya establecidos, y así, cuando se habla de poder, la gente piensa inmediatamente en una estructura política, en un gobierno, en una clase social dominante. en el señor frente al esclavo, etc. Pero no es en absoluto en esto en lo que yo pienso cuando hablo de relaciones de poder. Me refiero a que en las relaciones humanas, sean cuales fueren -ya se trate de una comunicación verbal, como la que estamos teniendo ahora, o de relaciones amorosas, institucionales o económicas-, el poder está siempre presente: me refiero a cualquier tipo de relación en la que uno intenta dirigir la conducta del otro. Estas relaciones son por lo tanto relaciones que se pueden encontrar en situaciones distintas y bajo diferentes formas; estas relaciones de poder son relaciones mó­viles, es decir, pueden modificarse, no están determinadas de una vez por todas. El hecho, por ejemplo, de que yo sea más viejo y de que al inicio de la entrevista usted estuviese un poco intimidado, puede dar un giro, a lo largo de la conversación, y ser yo quien me sienta intimidado ante alguien que, precisamente, es más joven. Las re­laciones de poder son por lo tanto móviles, reversibles, inestables. Y es preciso subrayar que no pueden existir relaciones de poder más que en la medida en que los suje­tos sean libres. Si uno de los dos estuviese completamente a disposición del otro y se convirtiese en una cosa suya, en un objeto sobre el que se puede ejercer una violencia infinita e ilimitada, no existirían relaciones de poder. Es necesario pues, para que se ejerza una relación de poder, que exista al menos un cierto tipo de libertad por parte de las dos partes. Incluso cuando la relación de poder está completamente desequilibrada, cuando realmente se puede decir que uno tiene todo el poder sobre el otro, el poder no puede ejercerse sobre el otro más que en la medida en que le queda a este último la posibilidad de matarse, de saltar por la ventana o de matar al otro. Esto quiere decir que en las relaciones de poder existen necesariamente posibilidades de resistencia, ya que si no existiesen posibilidades de resistencia -de resistencia violenta, de huida, de engaño, de estrategias de inversión de la situación-, no existirían relaciones de poder. Al ser ésta la forma general que adoptan las relaciones de poder me resisto a responder a la pregunta que a veces me plantean: si el poder está presente, ¿entonces no existe libertad? La respuesta es: si existen relaciones de poder a través de todo el campo social, es porque existen posibilidades de libertad en todas partes. No obstante, hay que señalar que existen efectivamente estados de dominación. En muchos casos, las relaciones de poder son fijas, de tal forma que son perpetuamente disimétricas y que el margen de libertad es extremadamente limitado. Para poner un ejemplo, sin duda muy esquemático, en la estructura conyugal tradicional de la sociedad de los siglos XVIII y XIX, no puede decirse que sólo existía el poder del hombre: la mujer podía hacer toda una serie de cosas: engañarlo, sustraerle con maña dinero, negarse a tener relaciones sexuales. Subsistía sin embargo un estado de dominación, en la medida en que todas estas resistencias constituían un cierto número de astucias que no llegaban nunca a invertir la situación. En los casos de dominación -económica, social, institucional o sexual- el problema es en efecto saber dónde va a formarse la resistencia. ¿Va a formarse, por ejemplo, en una clase obrera que va a resistir a la dominación política -en el sindicato, en el partido-, y bajo qué forma -huelga, huelga general, revolución, lucha parlamentaria-? En una situación de dominación como ésta es necesario responder a todas estas cuestiones de forma específica, en función del tipo y de la forma concreta que adopta en cada caso la dominación. Pero la afirmación: usted ve poder por todas partes; en consecuencia, no existe lugar para la libertad, me parece absolutamente inadecuada. No se me puede atribuir la concepción de que el poder es un sistema de dominación que lo controla todo y que no deja ningún espacio para la libertad.

Fuente: http://experienciadesi.blogspot.com.ar/2010/10/entre-el-poder-y-la-libertad.html

El arraigo -Vidala para que sigas-


Hay un gringo que nos compra,
hay un criollo que nos vende.
Piedra libre pa’ mis cumpas,
detrás la sombra, la muerte.

Tengo un árbol de esperanzas,
que no me suelta la mano.
Yo voy sembrando un camino,
pa’ que florezcan los changos.

Pena que sin saber donde,
viaja con el hombre que solía ser.
Porque la muerte es mentira,
y es la vida misma mi herida.

Noches y noches los caminos,
y en tu mirada tristemente,
siempre los mismos caminos,
ante la mirada de nadie.

No tengo miedo a morir y me planto a la vida.
Las heridas no se curan con tanto vino encima.
Voy contagiando esta pena que causa alegría.
Héroes fueron paridos en mi juventud suicida.
Para estar despierto.

Noches y noches los caminos,
y en tu mirada tristemente,
siempre los mismos caminos,
ante la mirada de nadie.

No tengo miedo a morir y me planto a la vida.
Las heridas no se curan con tanto vino encima.
Darse cuenta cuando algo es mas que todo.
Sigo y sigo empujando.
Vidaleando pa’ que sigas.
Hay un gringo que nos compra,
hay un criollo que nos vende,
piedra libre pa’ mis cumpas,
detrás la sombra la muerte.

Un corazón de tacuara,
espera no nos cansemos.
Quien no se aferra a la vida,
no sabe lo que es el miedo.

Tengo una árbol de esperanza,
que no me suelta la mano.
Yo voy sembrando un camino,
pa’ que florezcan los changos.

La revolución Virtual – El precio de lo gratuito –

Bien lo decía en esta entrada:

“Si no estás pagando por algo, entonces tú eres el producto que se vende.”

Y en este vídeo se trata de explicar un poco este concepto, y como desde distintas perspectivas, vamos decantando en las mismas conclusiones respecto al valor de la información personal. Así como la evolución de los medios comunicacionales hicieron que el valor de los productos digitales/intelectuales se comporten de forma distinta al de los productos materiales, y por lo que, analizarlos y considerarlos de la misma manera puede llevar a contradicciones gigantes. Es decir, en las producciones intelectuales de fácil distribución el precio se hace asintòtico en cero y cualquier política empresarial que intente obtener ganancias de los mismos está destinada a usar la fuerza (copyright) y luego a fracasar. No hablamos de un cambio hacia un paradigma novedoso, sino de un cambio de medios que nos devuelve hacia una tradición primal del ser humano: “compartir”.

En el doble discurso de los monopolios de la información, esto está muy presente y es por ello que, a pesar de que se pena a quienes comparten conocimientos, cultura, etc por otro lado se incita a “compartir y abrir la vida” ¿Cuando compartimos nuestra vida somos buenos y sociales, pero cuando compartimos un libro o una película somos piratas? El espacio que se disputa es aquel que se encuentra entre “persona a persona”, porque es allí el campo de batalla de la privacidad y de los derechos de autor.

Aquí va el video: