Blowing in the wind -Bob Dylan-


No dejo de volar con esta canción…

Cuantos caminos una persona debe de caminar
Antes de que lo llames un hombre?
Cuantos mares una paloma blanca debe de navegar
Antes de que duerma en la arena?
Cuanto tiempo tienen que volar las balas de cañón
Antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, mi amigo, esta soplando en el viento,
La respuesta esta soplando en el viento

Cuantos años puede existir una montaña
Antes de que este descolorida por el mar?
Cuantos años puede la gente existir
Antes de que se les sea permitida la libertad?
Cuantas veces un hombre puede voltear la cabeza
Pretendiendo que el no ve?
La respuesta, mi amigo, esta soplando en el viento,
La respuesta esta soplando en el viento

Cuantas veces un hombre debe de alzar la vista
Antes de que pueda ver el cielo?
Cuantos oidos debe tener un hombre
Antes de que pueda escuhcar a la gente llorar?
Cuantas muertes tendran que pasar hasta que el sepa
Que mucha gente ha muerto?
La respuesta, mi amigo, esta soplando en el viento,
La respuesta esta soplando en el viento

No te salves (Mario Benedetti)

No te quedes inmóvil al borde del camino,
no congeles el júbilo,
no quieras con desgana,
no te salves ahora ni nunca, no te salves.
No te llenes de calma,
no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo,
no dejes caer los párpados, pesados como juicios,
no te quedes sin labios,
no te duermas sin sueño,
no te pienses sin sangre,
no te juzgues sin tiempo.

Pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo,
y quieres con desgana,
y te salvas ahora y te llenas de calma,
y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo,
y dejas caer los párpados pesados como juicios,
y te secas sin labios y te duermes sin sueño,
y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo,
y te quedas inmóvil al borde del camino,
y te salvas…
Entonces… no te quedes conmigo.

Mario Benedetti

Aquí yace el Wub -Philip Dick-

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Faltaba poco para terminar de cargar. El Optus, de pie, con los brazos cruzados, fruncía el ceño. El capitán Franco bajó despacio por la pasarela y sonrió.
—¿Qué ocurre? —le preguntó—. Te pagan por esto.
El Optus no dijo nada. Recogió sus túnicas y dio media vuelta. El capitán pisó el borde de la túnica.
—Espera un momento, no te vayas; aún no he terminado.
—¿De veras? —El Optus se giró con dignidad—. Vuelvo a la aldea. —Contempló los animales y los pájaros que eran conducidos hacia la nave—. He de organizar nuevas cacerías.
Franco encendió un cigarrillo.
—¿Por qué no? A vosotros os basta con salir a campo abierto y seguir pistas. Pero cuando estemos a mitad de camino entre Marte y la Tierra…
El Optus se marchó sin contestar. Franco se reunió con el primer piloto al pie de la pasarela.
—¿Cómo va todo? —Consultó el reloj—. Hemos hecho un buen negocio.
El piloto le miró con cara de pocos amigos.
—¿Cómo explica eso?
—¿Qué le pasa? Los necesitamos más que ellos.
—Nos veremos después, capitán.
El piloto subió por la pasarela, y se abrió paso entre las aves zancudas marcianas. Franco le vio desaparecer en el interior de la nave. Iba a seguirle los pasos hacia la portilla cuando lo vio.
—¡Dios mío!
Se quedó mirando con las manos en las caderas. Peterson venía por el sendero, con la cara congestionada, arrastrándolo con una cuerda.
—Lo siento, capitán —dijo, manteniendo la cuerda tensa.
Franco avanzó hacia él.
—¿Qué es eso?
El wub desplomó su enorme cuerpo lentamente. Se sentó con los ojos entornados. Algunas moscas zumbaban sobre su flanco y las espantó con la cola.
Se hizo el silencio.
—Es un wub —explicó Peterson—. Se lo compré a un nativo por cincuenta centavos. Dijo que era un animal muy raro. Muy respetado.
—¿Esto? —Franco aguijoneó el inmenso flanco del wub—. ¡Si es un cerdo! ¡Un inmundo cerdo grande!
—Sí, señor, es un cerdo. Los nativos lo llaman wub. Sigue leyendo

Un golpe de timón

Compañero León: Cada pedacito de mi vida tiene un poquito de tu música como cortina.

A cada instante

un retazo de poesía y sonidos,

a cada sueño que vuela tratando de germinar terrenalmente

un cable que acerca abrazos y besos.

Compañero León, te digo con todo respeto y admiración, que me cuesta amalgamar la coherencia indiscutible de tu lucha con tu defensa a ultranza de SADAIC y los derechos de autor. Te confieso que cuando era pibe no tenía plata para comprarme un casette o un Cd tuyo, y por eso te escuchaba en un TDK regrabable ¿Acaso era un ladrón? ¿Acaso somos criminales por compartir cultura? ¿Acaso los laburantes que venden tus cds “truchos” en la calle son chorros? ¿Encarcelarías a los mismos que defendés en tus canciones? ¿Acaso la gente delinque por bajarse tus discos de internet y compartirlos?  La cultura es la sonrisa que brilla en todos lados, y como bien dice el compa Filio a duo con vos: “¿Y cuando fué que todo empezó a tener un precio?/Tal vez cuando un necio a la luz se miró”

¡Abrazo militante!