Nuevas modalidades del vínculo amoroso


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El presente texto fue expuesto en las Noches de Biblioteca de la NEL-Medellín, el 26 de octubre de 2011, actividad organizada por la Comisión de Biblioteca de la Sede.

El título de la conversación de hoy “Nuevas modalidades del vínculo amoroso”, da por supuesto que hay nuevas modalidades del vínculo amoroso, lo cual tiene como implícito una relación del amor con la época; que los cambios económicos, culturales y políticos, y con ellos la ciencia y la tecnología, inciden en el vínculo amoroso. Conviene pensar que se trata de un pasaje de una época marcada por la relación con el Otro, por la constitución de lo social, a una época marcada más bien por el individuo solo; una época de transición donde conviven las dos lógicas: encontramos sujetos constituidos bajo la lógica de la función de la norma, del vínculo civilizado, de la relación al Otro de la alteridad y la diferencia, del goce sexual pasado por la función reguladora del Otro; y encontramos sujetos de la individualidad, del goce autista y solitario, del reclamo de su autodeterminación, donde el lazo con el Otro se afecta y cobra peso el Otro como objeto desubjetivado, objeto del mercado, incluso objeto fetiche. El amor “tradicional” pierde bajo esta lógica su función de respuesta a la relación con el Otro y al goce sexual. La cuestión es si estamos ante una nueva versión del amor, o se trata de una primacía del goce sexual que marginaliza al amor y por tanto sirve de defensa al sujeto frente a los impases del amor. Es lo que convendría interrogar.

Propongo plantear tres puntos sobre el tema bajo el cual se nos convoca hoy, presentados en el título que propuso la Comisión de Biblioteca:

1.-La expresión “vínculo amoroso”, indica que el amor hace vínculo, dicho de otra manera, que el amor es una forma de hacer vínculo con otro, con otro ser humano. Por tanto, conviene examinar esta perspectiva desde la cual el amor hace lazo social. ¿Qué hace que el amor vincule a dos seres humanos?

2.-“Modalidades”. Con esta expresión se señala que el vínculo amoroso no es uno, que no hay un único modo de amar. Para este punto tomaré entonces como referencia las dos posibilidades “clásicas” que tiene un sujeto humano, sexuado, para situarse ante el amor: la posición femenina y masculina. Con esto no quiero decir que allí se agoten, y más aun en nuestra época, pero son un punto de partida para pensar lo que serían otras modalidades. ¿Qué sería amar desde una posición femenina y desde una masculina?

3.-El tercer punto hace referencia a “lo nuevo”, con relación a las modalidades del vínculo amoroso. El sujeto de la vida amorosa es permeable a lo que caracteriza una época; no es un sujeto sin contexto, puesto que se inscribe en las formas de relación, de satisfacción, de encuentro, de sexualidad, etc. que una época impone. Así que, el amor, si bien se constituye bajo una cierta “estructura”, esta se particulariza por lo que caracteriza a los sujetos que en ella se inscriben; para lo que hoy nos ocupa, sujetos contemporáneos ¿Qué caracteriza el vínculo amoroso del sujeto de nuestra época?

Veamos entonces cada punto.

1.-El vínculo amoroso
“El amor es lo que puede hacer mediación entre los unos solos”[1] El amor en tanto vínculo social se dirige al Otro y lo hace bajo la forma de la demanda. El Otro causa dicha demanda en la medida en que su imagen se da a ver como si fuese portador de algo que se anhela, algo a lo cual se quiere acceder. Ese algo es aquello que el sujeto supone le hará posible gozar, alcanzar el goce que no tiene, que le falta; ese algo es como un objeto preciado que en algún momento se perdió y que volverlo a tener garantizaría la satisfacción.

Pero en el amor no basta suponer al Otro portador del objeto que falta y por tanto procuraría la completud, es necesario que el Otro lleve una imagen tal que haga suponer la presencia de ese objeto en él. Así, lo que enamora es esa imagen, que también puede llamarse velo, pues lo que define al velo es que deja ver que tras él hay algo; una imagen pues que funcione a la manera en que lo hace un velo. Se requiere para el amor que se enlacen estos dos elementos: la imagen y el objeto de la satisfacción, que también podemos llamar objeto del goce sexual. Dicho de otra manera, el amor es un velo al goce, un goce velado.

Que el amor se constituya de esta manera, lleva a plantearse la pregunta, por las condiciones bajo las cuales el otro puede ser elegido como objeto de amor. En esas condiciones cumple entonces un papel central la imagen; se elige la imagen. Si se hace la elección solo por el objeto, sin la imagen, entonces no se trata de una elección de amor, sino de una elección fetichista; fetichismo paradigma de la perversión.

Además de la imagen, para hablar propiamente de amor, es necesario que aquel que causa el amor represente para el sujeto una alteridad, es decir, algo diferente de sí, Otro sexo, en el sentido de que el goce de aquel le es ajeno, distinto del suyo.[2]

Y un tercer elemento es que signifique para el sujeto algo que no se puede reemplazar, que se trata de éste y no de otro, no se puede sustituir. Y es cuando se trata del goce, que no hay sustitución; no se cambia al amaño, a voluntad, de modo de gozar. Es decir, es el goce el que fija una elección en la vida amorosa, en tanto se goza de una sola manera, si bien, la imagen, lo que lo envuelve, podría variar.

En el amor, la sexualidad queda enlazada a una elección; y es este otro factor para concebir al amor como un vínculo social. “Eso es lo social, lo eminentemente humano en la sexualidad: que todos los partenaires no están autorizados, solamente algunos”.[3]

Freud, en sus investigaciones sobre la vida amorosa, encuentra que hay una matriz lógica, unas reglas, que dan cuenta de la elección del objeto de amor, que llamComplejo de Edipo. Esta matriz determina el objeto elegido en la vida amorosa, a partir de la primera elecci㠳n que es la madre, objeto que es a la vez el prohibido. Entonces, si la madre es el objeto de amor prohibido, hay que hacer otra elección, pero este será solo un sustituto de ella (lo que abre la serie de sustitutos), por tanto siempre será una elección acompañada de insatisfacción; a partir de allí todos serán sustitutos de dicho objeto de goce alcanzado y perdido, y en tanto perdido deseado. Este primer objeto tiene también el valor de ser aquel que saca al sujeto de ese primer goce autista, autoerótico, del sujeto en relación solamente con su propio cuerpo. Y salir de allí significa la posibilidad de hacer lazo con el Otro; es esta una razón para afirmar, como lo hace Lacan que “lo que hace el vínculo es el amor”,[4] pues el amor vincula el goce al Otro,[5] al menos una parte; siempre quedará un resto de goce que no pasa por el Otro. Conviene señalar que el amor no es algo puro, que él se enlaza de manera necesariamente lógica con el odio: el amado es a la vez odiado por cuanto significa la salida del goce autoerótico, pérdida de goce, en otras palabras, la castración. Se puede ver en la degradación que hace el sujeto masculino de su pareja, o en la hostilidad del sujeto femenino hacia su pareja, por ejemplo.

El lazo amoroso no tiene pues nada de natural, más bien, él viene al lugar en el cual nada vincularía a un sujeto con Otro: “En el lugar de la relación sexual que no hay, hay una condición de amor que no liga al sujeto al Otro sexo, sino a un objeto asexuado, incluso si eso pasa por el sesgo de un ser sexuado para obtenerlo”.[6]

2.-Posiciones del sujeto en el amor: femenina-masculina
Hay dos modos “clásicos” de situarse en el vínculo amoroso: desde la posición femenina y desde la masculina; no hay pues una única manera de hacer vínculo con el otro vía el amor.

2.1.-Desde la posición masculina
Esta posición, la del sujeto masculino, se caracteriza porque se orienta hacia lo uniforme, no se inclina por lo que hace excepción ni por lo imprevisto. Permanece encadenado a lo autoerótico de la pulsión. Situado desde este lugar, se dirige entonces al Otro en su vida amorosa; cuando más, hace del Otro objeto que le sirva para la satisfacción pulsional.

El primer problema que se plantea para este sujeto, si se trata de un sujeto masculino heterosexual, se puede formular bajo la forma de una pregunta: ¿cómo gozar de una mujer?, ¿cómo elegir un objeto femenino?

Desde esa posición, el sujeto concibe el objeto femenino bajo la forma de una relación entre lo que es para él la madre – amor tierno- y la mujer fácil –goce sexual-; subrayo que se trata de la relación. Es decir, para este sujeto un objeto femenino que podría ser elegible, es aquel en el cual él pone en operación la relación madre-mujer fácil; los dos referentes o valores que tiene para representarse lo femenino. Ese objeto femenino sobre el cual recae esa relación, puede quedar de un lado o del otro; pero también puede representar la conjunción de los dos. No tiene pues la referencia de La mujer, sino esta relación. Su dificultad para relacionarse con las mujeres será entonces que en el encuentro que tenga con cada una de ellas, en él se pondrá en juego esta relación madre-mujer fácil. Para un sujeto masculino no basta que el otro sea hembra biológicamente hablando, ella será vista por él como mujer en la medida en que porte un rasgo que para él le signifique lo femenino.

Si se relaciona con una mujer que pone bajo la equivalencia madre-mujer fácil, se tiene una neurosis, es decir un sujeto que se debate para poder hacer de ella amada y deseada. Cuando separa madre-mujer fácil, dice Miller, “la humanidad civilizada está perdida”,[7] esto para indicar los efectos de rupturas en el lazo social que esto puede generar.

Esta separación del goce sexual y el amor tierno, quiere decir que separa al goce del Otro, toma al Otro en su dimensión de objeto para el goce, sin recubrirlo con el velo que requiere el amor. Y tomarlo en su dimensión de objeto para el goce quiere decir que toma de él una parte, para no tener que vérselas con lo que en ese otro no hay, evidenciado en su condición de sujeto. Esto es lo que en otros términos se llama fetichismo, una forma de goce sexual perverso, en el sentido en que acabo de señalar, es decir tomar al otro para el goce sexual con lo cual niega lo que en el otro hay de sujeto, de afecto, de demanda de reconocimiento… Es una forma de satisfacción pero a la vez una defensa contra eso que le puede representar el otro como sujeto que haría obstáculo y límite a la satisfacción.

Su pareja será aquella que ocupe ese lugar de objeto, pues el sujeto masculino aspira que el otro consienta a las reglas de su perversión y a sus fantasías (veremos que en la posición femenina la aspiración es otra), es así como sostiene su deseo. De esta manera el sujeto masculino, por medio de esos objetos extraídos del otro para su goce sexual, crea La mujer que no existe; y hace de ese objeto pareja.

2.2.-Desde la posición femenina
Esta posición se caracteriza por lo indeterminado, por lo que se sale de los límites, de las normas y medidas. Desde una posición tal, el sujeto femenino se dirige al otro en su vínculo amoroso. A diferencia del goce masculino, el goce femenino hace relación con el Otro, y en ello el amor cumple esta función.

Eso ilimitado encuentra bien su expresión en el amor: “el amor es una pasión femenina por excelencia”; la exigencia amorosa tiene este carácter de ilimitado. Esta exigencia se despliega en la búsqueda de signos de amor pues gracias a ellos, ella busca ser para alguien, para un hombre, siendo la única. Lo ilimitado y desmedido también se manifiesta en el hecho de que puede prestarse para ser el objeto de la perversión del hombre, hasta el punto de no tener límites respecto a lo que da a un hombre, para lo que se ofrece, a cambio de ser la única. Los signos de amor no excluyen la palabra de amor, desde esta posición la palabra es requerida para el goce. En la posición femenina clásica, la obtención de amor constituye para la mujer una condición de goce; es propio de esta posición ligar su goce al amor del Otro. Un ejemplo de ello lo encontramos en Mme Bovary, tema que se trabajo hace poco en el Foro realizado con Corpozuleta, y donde se pudo ver esa dimensión sin límite a la que puede ser empujada la mujer en su goce ligado al amor, y a lo que puede conducir el drama de la falta de ese amor: al suicidio.

Pero algunas mujeres quieren encontrar la solución a su posición femenina del lado masculino: hacer pasar todo el goce como el sujeto masculino; se identifican imaginariamente a la posición masculina.

3.-Lo nuevo
Amor platónico, amor cortés, amor romántico… Hoy tenemos:

El amor líquido: es un concepto creado por el sociólogopolaco Zygmunt Bauman, desarrollado en su obra Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, para describir el tipo de relaciones interpersonales que se desarrollan en la postmodernidad. Éstas, según el autor, están caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso.

El amor confluente o realista, concebido como una visión “realista” que implica un vínculo consensuado por un tiempo indeterminado entre dos personas que buscan relaciones sexuales en un marco afectivo de intimidad y compañerismo, donde se respetan los proyectos personales de cada uno. El objetivo central es el intercambio afectivo y la satisfacción sexual, amar sin renunciar a la autonomía; no es monogámico. Responde a lo contingente: se mantiene mientras cada uno alcanza satisfacción y haya interés. El otro no es complemento, se trata de una asociación voluntaria en la que hay igualdad de género respecto a la relación de poder, al dar y recibir emocional.

Paradójico lo de la igualdad de poder, pues al tiempo surgen las prácticas BDSM (Bondage; Disciplina-Dominación; Sumisión-Sadismo; Masoquismo). Sigla para designar una serie de prácticas sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidad extrema convencional. Algunas de las prácticas que engloba el término, como la humillación erótica, el dolor, la sumisión y otras, indican una específica forma de placer mutuo.[8]

Otra forma contemporánea del amor es el llamado poliamor, neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados. Los dos componentes esenciales del concepto poliamor son “más de uno” y “amor”. No se trata por tanto de lo sexual solamente, de allí que se diferencie de la pareja “swinging” (intercambio de parejas que incluye un amplio rango de actividades sexuales realizadas entre parejas heterosexuales en un mismo lugar).[9]

Estos fenómenos dejan ver cómo la vida amorosa cae bajo las lógicas de la época, en la cual subrayo tres aspectos: individualismo, consumo y goce. Época de la cual se dice está marcada por la primacía del individualismo sobre lo colectivo lo cual de entrada es antagónico con la posibilidad del vínculo social referido a la pareja amorosa. Donde el consumo como posibilidad de completud se impone; y va de la mano de lo desechable y perecedero. Imperativos de goce de los objetos de placer, que se pueden sustituir unos a otros en una serie infinita, desconociendo límites y renuncias. La invitación a ir más allá del convenio social para acceder al goce a riesgo de quedar en posición de objeto al negar la falta constitucional de la subjetividad; igualmente el Otro viene al lugar de instrumento temporal de goce. Aun así, estas tres formas del amor siguen siendo intentos de hacer pareja, en las que se pretende dar lugar a esa manera de hacer del otro objeto de consumo, de goce, conservando el individualismo.

Retomando lo dicho sobre el amor y el vínculo social y las posiciones femenina y masculina clásicas en la vida amorosa, vemos en los amores contemporáneos citados, que allí hay una cierta homogenización, es decir, la pareja se establece no desde la clara diferenciación de posiciones sexuadas masculino-femenino, lugares desde donde se vincula al otro de manera diferente en el amor, sino que la pareja se establece bajo una cierta forma de gozar que se pretende la misma para los dos de la pareja. Veamos entonces lo que serían algunas razones de ello.

a.-Una característica del sujeto contemporáneo es que el sujeto de hoy está menos ligado a la interdicción, a la prohibición, y al conflicto que ello entraña. Gracias a la prohibición, como vimos, es que se produce la diferencia sexual, por lo cual, cada vez mas “en una época de la defensa de la particularidad {…} frente a la tendencia a la uniformidad, podemos encontrarnos con que la diferencia primaria y fundamental que es la diferencia sexual sea cada vez más difícil de percibir”.[10] Esto quiere decir que la sexualidad también cae en la tendencia contemporánea a la homogenización; es por ello que los límites que separan las posiciones sexuadas femenina y masculina, se desdibujan, de allí que las diferencias sexuales puedan ser en ocasiones imperceptibles. Entonces, la diferencia, condición fundamental de lo humano y de la vida amorosa, se obtura al extender sobre ella la igualdad social y jurídica de los géneros.

b.Borrar los límites y estar fuera de ellos, tiene relación con la posición femenina, por eso se habla de una feminización de la época. “¿Y por qué llamar “feminización” al imperativo de gozar más allá de todos los límites? Siempre hubo algo inquietante en las mujeres, incluso para ellas mismas, que ignoran cuán lejos pueden ir en su goce”.[11]

Al quitar los límites, surge lo infinito, se dificulta hacer categorías, y en su lugar surgen series. “La pluralización de los modos de goce, como series ilimitadas que no hacen conjunto, hace problemático establecer categorías, clases como la de masculino y femenino. Esto provoca una dilución creciente de las categorías masculino y femenino”.[12]

Esta feminización recae sobre la posición masculina. Antes los hombres tenían garantizada su identidad por la posesión de un órgano y sus insignias de virilidad; ahora despojados de sus clásicas insignias se desorientan. Al quedar desprovistos de los referentes clásicos, el goce se reordena, feminizando su vida. “Fenómenos como la metrosexualidad,[13] el declive de la virilidad, o la inseguridad del macho pueden ser formas de percibir, en el registro imaginario, la feminización social”.[14]

c.La pérdida de límites en la diferenciación sexual, también ha producido un fenómeno contrario a la feminización, y es la equiparación de la mujer con el hombre: inclusión de todos en el discurso masculino (especialmente en algunos movimientos feministas); es lo que se dio en llamar unisex: todos iguales bajo el modo hombres. Esto tiene que ver entonces con una cierta forma de gozar propia de lo masculino, asumida por las mujeres, y un acercamiento a la forma de amar del sujeto masculino, es decir, separando amor y goce. Estas mujeres dan cuenta de una forma de gozar que mantiene al margen el discurso amoroso, y al dejar al margen lo amoroso, hace que prime la sustitución de parejas, sobre el amor que puede detener dicha sustitución infinita de objetos para la satisfacción del goce sexual.

d.-La inoperancia de la prohibición que es quien marca la diferencia sexual, y que implica la ausencia de una ley que la cause, produce también el fenómeno de la autogeneración del sexo; es decir, se deprende la idea de poder generar el propio sexo (queer,[15]drags[16], travestis); lo que el psicoanálisis encuentra es que: no es posible elegir, cambiar, a voluntad el modo de goce.

Para terminar, cito al psicoanalista Fernández Blanco: “Ya no se trata tanto de cómo gozan los hombres o las mujeres, sino del goce asexuado que se extrae del síntoma”,[17] lo cual impone la pregunta por el lugar del amor cuando de este goce se trata.

Autora: Claudia Velázquez

Fuente: http://www.nel-mexico.org/articulos/seccion/varite/edicion/La-vida-sexual-contemporanea/559/Nuevas-modalidades-del-vinculo-amoroso

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