Aller Anfang Ist Heiter


¿Alguna vez conociste el amor? ¿Es horrible no es cierto? Te vuelve tan vulnerable.

Es una extraña vivisección. Abre tu pecho, manosea tu corazón, altera tu respiración y te saca el hambre.
Te deja abierto, indefenso, lo que significa que bajo sus efectos, el más bello ser extraterrestre puede entrar en tu cosmos y desordenarlo todo.

Pasaste años levantando trincheras, defensas, armaduras, y lanzas, con el único objetivo de que nadie entrara y te lastimara, de ser una perfecto puerco-espín emocional, siempre inmune al exterior. Pero entonces, un día común, una persona común, no muy diferente de cualquier otra, entra en tu estúpida vida. Puede hacer su invasión por el ángulo más angosto del rabillo de tu ojo, o bien puede ser una persona conocida desde hace mucho; pero ese día, ese fatal día, sin que lo pida, vos le das un pedazo tuyo ¿Por qué hacemos eso? Nuestro entrenamiento nunca antes había fallado, por lo tanto debe ser culpa de ellos.

Hacen algo común un día, (como darte un beso, un roce, una charla, una simple sonrisa, o incluso menos que eso suele bastar) y tu vida deja de ser tuya. Las tropas se rinden, las trincheras caen como una casa de cartas, y quedás desnudo, en medio de la nada. Vos y el Alien. Nada más existe, o nada más importa. De golpe, tu mundo transmuta en una gran catedral, cuya religión es la adoración al gran tótem que construimos de esa -ya no tan- persona común.

En ese desértico planeta, el sacrificio supremo es el placer máximo, el enlazar tu emoción y tus tripas a las de un dios.

Pero eso no es lo peor! Cuando el mesmérico canto cesa, y nuestros ojos se cierran en un ínfimo descanso; la ilusión se rompe, el encantamiento se empieza a quebrar. Pero ya es tarde. La simbiosis es total, irreversible y omnipresente… ese foráneo componente de tu esencia muestra su carácter corrupto, corrosivo, la parte oscura de la luna.
Queremos, y no podemos, o podemos y no queremos extirparlo o cuando lo hace se lleva una parte nuestra.

El amor toma rehenes. Nunca lo olvides. Y lastima. Duele. No sólo en la mente. No sólo en la imaginación, duele en el alma, duele en el cuerpo. Toma todo y deja sólo quietud. Vacío. No movimiento. No interacción. Frente a frente con el abismo, dentro tuyo sabés muy bien que uno se burla del otro, y que vos no te estás riendo.
Amputados de toda chance de formar memorias nuevas, de seguir sueños. No más emoción. Ni sentimientos.

Sólo el gran peso de una armadura inservible, una trinchera desierta, y la gran y temible oscuridad del mundo de la soledad y la añoranza de compartir el espíritu.
Pero las heridas sanan. Siempre.-

Roy Khalidbahn

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