Como mata el viento sur



Hoy me encuentro releyendo un poco mi vida hace un tranco hacia atrás, y me viene a la memoria un “viaje de Integración” a Uspallata con el centro de estudiantes de mi escuela, la Técnica Hidráulica N°4-112 (Nota aparte, me siento un poco viejo, un poco parte de la historia, hoy la escuela se llama “Antonio Gurgui” ¡Y Antonio Gurgui fue mi profesor de Matemática y Física en 9no!). Escucho “Como Mata el viento norte” y los instantes vienen a mis ojos como flechas veloces, deseosas de clavarse en el presente y dar a luz alguna reflexión.
Como cualquier ciudad, Mendoza me inquietaba bastante y me producía una irrefrenable sensación de incomodidad. El solo hecho de salir de casa y encontrarme con caras distintas cada vez que camino me pone a la defensiva. No era por el martilleo diario que producían “Los Andes”, “Uno” y los noticieros de turno con la inseguridad, sino porque sentía que mi vida tenía poco valor, que nada tenía que hacer ahí. En el 2001, Las Heras tenía algunos soplos de aire de pueblo que me gustaban más que capital: La tranquilidad de sus plazas en la siesta, el saludo con los vecinos del barrio y los domingos de ver fútbol en el Mundialista “San Martín” de la calle Olascoaga, hacían de la vida un poco más llevadera pero nada era como en mi pueblo del sur. “Pingüino”, “ushuaiano”, “sureño”, “porteño”, fueron algunos de los apodos que me gané por hablar con acento porteño y debido a que los temas más recurrentes en mis diálogos eran Ushuaia, la nieve, y la eterna y embolante explicación de que en Ushuaia los pingüinos no caminan a sus anchas por nuestros barrios ni zonas céntricas. “Ajeno a la Tierra” diría el aviador Bach que traducido a mi circunstancia sería “Ajeno al sol”. Mi vida transcurría signada por la ansiedad en espera de que sea fin de año para por fin volver al lugar del que nunca debería haberme ido. Ansiedad que con el advenimiento de una conexión de 56k en casa, se tornó un poco más llevadera gracias al canal #Ushuaia de Undernet y a devorar una y mil veces los portales de noticias de Ushuaia. Me negaba a ser en ese lugar y veía con ingenuidad mi crecimiento atrofiado mientras el resto de mis conocidos del sur crecían donde yo debería haber estado. Con ese precario razonamiento me olvidé de ser adolescente en la adolescencia. Uno puede ser estúpido durante mucho tiempo, pero si los es a tiempo completo y a consciencia convertís cada fibra de tu ser en la de un pelotudo. En resumen: de los 4 años que estuve en Mendoza, fui un pelotudo full time por 2 años.
Y ahora que los contextualicé volvamos al viaje de integración. Yo que iba con esperanzas de debatir políticas estudiantiles me encontré con un viaje que tenia otros objetivos. Nada que acotar sobre ello. Lo importante fue el lugar… Nos quedamos en una escuelita (creo que hay una sola en el pueblo), el único compromiso era ir a comer y dormir, el resto del día uno hacía lo que le venía en gana. Así que me dediqué a caminar por el pueblo, y hoy en mi memoria difusa, recuerdo ese lugar como un pedacito de mi tierra en otra tierra. La paz, la nieve cerquita, un clima mas templado que el calor sofocante de Mendoza, arroyos para pescar truchas, todo por hacerse, la cercanía de la gente. Hoy en mi cabeza vuelvo a fumar un pucho por esas calles y digo “La puta, que cerca tenía mi válvula de escape y no la aproveché”. Esa negación de pelotudo que tenía ensartada en la cabeza logró nublar mi vista y no entender que, más allá de que Ushuaia es mi pedacito de tierra, las montañas son una parte primordial en el delicado equilibrio dinámico de mi personalidad. Si, faltaba la brisa marina, los bosques de lenga, pero Uspallata podría haber sido una conexión mucho más estable y humana que aquel 56k tirándome destellos irreales de una vida que no vivía. Hoy desde Ushuaia y a más de 12 años de haber estado en Uspallata me doy cuenta que le debo una oportunidad. No para ir a establecerme definitivamente, pero si para vivir y entender que ahí nomás de la ciudad tenía la cordillera y en la cordillera, Uspallata. Pelotudos siempre seremos en algún momento de nuestra vida. Fin.

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