Corriendo a destiempo


Semilla Arbol

Un poema a destiempo es el desacuerdo del destino. Tenía cada una de las palabras perfectas, cada verso puntual para decirte hoy lo que no pude gritarte en la distancia. Me arreglé y hasta hice que las calles fueran de tierra, esas en la que los sueños de pavimento no pueden germinar. Tanto habíamos crecido que era necesario bajarnos del pedestal de la madurez y sentarnos en la vereda a crear nuestros sueños a fuerza de barro y juegos. Estuvimos tantas veces ahí, como una semilla condenada existir en potencial y nunca en árbol, absorbiendo el agua que jamás iba a ser savia, tratando de aferrarse a la arena. Una transición para ser veinte años hacia delante (nunca hacia atrás, porque el tiempo siempre nos arrea como orugas ciegas), cargados de sésiles libros y afiebrados idiotas corriendo detrás de luces.
Sin embargo, hoy llego a tu casa escapando de la lluvia, con la campera empapada de certezas, nostalgias y un papel entre las manos. Abrir la puerta y encontrarme con el eco de tu ausencia que rebota entre los concurrentes al velorio, con todas esas pupilas que me van revanando el anonimato. Desdoblo el papel, y como un niño que juega a alimentar el mundo con barro, te dejo estas palabras que hoy leo.

2 comentarios en “Corriendo a destiempo

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