Érase una vez un Piedra y una Angélica…


Érase una vez un flaco del litoral, un ribereño que se escapó al sur, bien al sur. Dicen que era un pescador loco, pero de esos locos lindos y que junto a la “Angélica Marí” hacían las mejores empanadas de maucho de la zona. Cosa del destino o la enfermedad, ellos volvieron al lugar en que nacieron… La última llamada del flaco Piedra, según mi viejo le dijo; “Qué estaban bien, que fueran para allá, que él se la pasaba ‘empanadas, chocho y vino todos los domingos, todos los domingos’ “. Primero se fué Angélica y al poco tiempo Piedra aprovisionó la lancha, soltó amarras, enfiló al faro y se fue a buscarla…

La vida y la muerte
bordada en la boca
tenía Merceditas
la del guardarropa.
La del guardarropa
del tablao del “Lacio”,
un gitano falso
ex-bufón de palacio.

Alcahuete noble
que al oír los tiros
recogió sus capas
y se pegó el piro.
Se acabó el jaleo
y el racionamiento
le llenó el bolsillo
y montó este invento,
en donde “El Palmo”
lloró cantando…

Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad.
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.

Mil veces le pide…
y mil veces que “nones”
de compartir sueños
cama y macarrones.
Le dice burlona…
…”Carita gitana,
cómo hacer buen vino
de una cepa enana”.

Y Curro se muerde
los labios y calla
pues no hizo la mili
por no dar la talla.
Y quien calla, otorga,
como dice el dicho,
y Curro se muere
por ese mal bicho.

¡Ay! quién fuese abrigo
pa’ andar contigo…

Buscando el olvido
se dio a la bebida,
al mus, las quinielas…
Y en horas perdidas
se leyó enterito
a Don Marcial Lafuente,
por no ir tras su paso
como un penitente.

Y una noche, mientras
palmeaba farrucas,
se escapó Mercedes
con un “curapupas”
de clínica propia
y Rolls de contrabando
y entre palma y palma
Curro fue palmando.

Entre cantares
por soleares.

Quizá fue la pena
o falta de hierro…
El caso es que un día
nos tocó ir de entierro.
Pésames y flores
y una lagrimita
que dejó ir la Patro
al cerrar la cajita.

A mano derecha
según se va al cielo,
veréis un tablao
que montó Frascuelo,
en donde cada noche
pa’ las buenas almas
el Currito “El Palmo”
sigue dando palmas.

Y canta sus males
por “celestiales”.

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