No me deben nada


No recuerdo el hambre, conscientemente no puedo decir que lo pasé, pero si puedo decir que mis viejos la pelearon bastante cuando decidieron venirse a Tierra del Fuego. A mediados de los 80, había que tenerlas bien puestas para jugársela porque Ushuaia no era juguete nuevo para turistas. Si, ellos en ese tiempo pendejos, vieron una oportunidad para mis hermanas y para mi que llegaría tiempo después. Usurparon, robaron leña y tomaron agua del chorrillo, nadie va a venir de moralista cuando hay necesidades, y la mayoría de los que llegaron a Tierra del Fuego hicieron algo de eso. Mi viejo la changueó donde pudo hasta que consiguió algo medianamente estable y mi vieja cuidaba de mis hermanas. ¡Seguramente habrán sabido lo que era el hambre y el frío! Pero la sonrisa de mi vieja, el esfuerzo de mi viejo, el mate cocido y la ropa de Carolani lo taparon todo tan bien que yo no recuerdo esa tristeza. Seguramente en la soledad, se les escapaba una lágrima, pero nosotros no la veíamos. Por eso cada vez que escucho esta canción se me hace un nudo en la garganta y me dan ganas de llorar, porque sé que estuvieron ahí y la guapearon con tres críos al hombro. No me deben nada viejos, gracias por todo y no me deben nada.

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

.

Una mujer morena

resuelta en luna

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te traigo la luna

cuando es preciso.

.

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es tu risa en tus ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que mi alma al oírte

bata el espacio.

.

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.

.

Es tu risa la espada

más victoriosa,

vencedor de las flores

y las alondras

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor.

.

La carne aleteante,

súbito el párpado,

el vivir como nunca

coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea,

desde tu cuerpo!

.

Desperté de ser niño:

nunca despiertes.

Triste llevo la boca:

ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

.

Ser de vuelo tan lato,

tan extendido,

que tu carne es el cielo

recién nacido.

¡Si yo pudiera

remontarme al origen

de tu carrera!

.

Al octavo mes ríes

con cinco azahares.

Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.

.

Frontera de los besos

serán mañana,

cuando en la dentadura

sientas un arma.

Sientas un fuego

correr dientes abajo

buscando el centro.

.

Vuela niño en la doble

luna del pecho:

él, triste de cebolla,

tú, satisfecho.

No te derrumbes

No sepas lo que pasa ni

lo que ocurre.

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