El Jardín de los girasoles flotantes


Aclaración: Quizás escuchando “Girasoles de papel” de Pastoral (¡Ah! De Michele y Erausquin… Quizás sean un poco los culpables de este texto, de esta guitarra al hombro y mi locura por conocer el mundo escondiendome en una carpa, tomando por asalto las rutas que se escurren en contintentes infinitos. ¡Qué daria por tener 27 años!)

Hoy entre sorbos de café leía las noticias y me dejaba caer en el suave placer de un trashumante bienestar. Porque si yo indagara al lector sobre la escena donde ocurren estos hechos, la mayoría pensaría que estoy en un café, o en la cocina de casa con la ropa lista para salir a trabajar. Pero no, yo tomo café y leo las noticias con los primeros fríos de una Mendoza que empieza a levantarse de su entumecimiento matinal. Es un frío muy particular, y cualquiera que alguna vez haya dormido en julio en una calle mendocina podrá dar testimonio de ello. Los cartones y diarios viejos son insuficientes y la solidaridad se expresa en este vaso de café y el diario que Marquitos, el canillita de la esquina de Mitre y Pellegrini, me regala religiosamente todos los días. El diario, esa libro descartable que pierde vigencia de un día para el otro, cumple su triple propósito: Me cuenta lo que pasó ayer en el mundo, trata de estimar (o provocar) acontecimientos en el futuro y a la noche son frazadas nuevas. A veces, la historia vista desde cerca es como el sonido de un arroyo: Inferimos que se trata de un torrente de agua vigoroso o que se mueve lentitud ancestral. Pero solo sabemos que es un arroyo y punto (¡Cuando lo sabemos! ¡Ah, cuando lo sabemos!). Y a veces los diarios, nos graban sonidos de arroyos nórdicos y los reproducen sin escrúpulos en latitudes australes. Por eso es que escucho el ruido de los diarios y me detengo a leer las letras de las acequias que cuentan historias reales. Acequias, quien pudiera saltarlas y encontrarse debajo de un sauce o caminando por la Olascoaga y reencontrarse con toda esa vida que se arremolinaba frente a uno, con todo ese vigor adolescente que teniendo tanta vida se la quitaba con tabaco. Somos ambivalentes, y en la juventud nos sobra vida y extrañamos la muerte.
Y toda la magia junta que se apelmasa sobre una porción mediocre de realidad, un girasol flotante que nos abre el camino entre laberintos de automóviles. A nadie le interesa explicarlo y a mi poco me importa que todo tenga una explicación ¡Yo que siempre viajé por autopistas siderales hoy tengo que dar lecciones de realismo! Puedo hablar de los esplendores de mi juventud o de los dolores reumáticos de mi presente, pero no soy nada sin mis girasoles flotantes. Hablé en plural porque me parece totalmente impropio de una persona con un historial psiquiátrico como el mío el tener un solo girasol flotante. Estoy convencido que hay un jardín de girasoles flotantes, con un viejecito que los baña en rayos de luna, que les peina las hojas amarillas y los prepara para flotar en el mundo real. Nunca conocí el jardín, pero sé que en alguna parcela del universo me voy a encontrar con un letrero rústico de madera que habra paso al amarillo total.
“Diego, poné otra vez los pies sobre la tierra” me dice Marquitos al tiempo que estira su brazo para levantarme del suelo. Le hago el “agarre de seguridad” pero no hay caso che, no es marinero, no le sorprende en absoluto y hasta quizás vea estúpido que lo tome del brazo de esa manera. Pero no me importa, yo insisto con mis señales, porque algún día pasará algún corsario y entenderá que quiero hacerme a la mar, que ya estoy preparado, que me leí todos los viajes de Vito Dumas y que estoy ya estoy alistado para dar la vuelta al mundo y dejarme mecer por las olas.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s