Guayaquil Parte 1



La música cae en gotas a mis oidos, voy siguiendo el zumbido lento de un bandoneón y dejo que el mundo se vaya haciendo pequeño y burdamente viajable. Apreto el acelerador y me doy cuenta que la velocidad va comiendo la pista, pierdo sustentación y la panza está frágil por tantas sensaciones. Mis viejos, los turbales, los sobrinos, el bosque blanco, los kilómetros que separan esta inconclusa existencia de un simple y estremecido epílogo. En la violencia inesperada de la muerte uno deja las palabras finales a los familiares, y quizás (con alguna ayuda del destino) un cadaver que meter en un cajón. Tal vez mirarán un rincón de la casa, una guitarra, una birome y llorarán porque ahora solo un halo de ausencia se esconde en la inercia de su figura. Pero con el tiempo el mundo ayuda a aliviar el luto, y de a poco se iran reinsertando en nuevamente en las calles, y quizás hasta regalen la guitarra, tiren la birome y el rincón de la casa sea ocupado por un florero. Levanto la mirada: Vuelo nivelado, los hidráulicos tirán un poco de líquido y algunos miran con desconfianza la manchita negra que se formó sobre el ala de babor. Las máquinas en su humana perfección también sangran y siguen rugiendo mas allá de sus destinos comerciales y de los números que cierran finalmente una cuenta bancaria. Miro para abajo y quiero creer que vamos por Perú y que desde abajo algún paisanito justo levanta la mirada por a o b y, como si no le bastara con tener cóndores, se topa con este pedazo de fierro que a lo lejos es un puntito minúsculo. Y en la relatividad del espacio nos cruzamos, yo sonrío y él levanta su mano curtida de sembrar lo que otro vende. Le dijeron que solo tenía manos y que por haber nacido Latinoamericano ya era un deudor, que debía trabajar mucho para pagar los prestamos de un país tan pobre como el suyo, y que quizás cuando ya no pueda vender su fuerza, alguno de sus numerosos hijos lo cuidaría hasta que el alma dijera basta. ¡Adiós Compañero, ya volveremos transformados en marea humana, no nos dejaremos vencer!
Caemos suavemente sobre Guayaquil, los frenos aerodinámicos y la inercia hacen el resto. Ecuador se me pega a la piel, y la ropa empieza a pesar. Soy demasiado fueguino, soy demasiada frío. El río Daule se desangra en el Pacífico que todavía no conozco. Mientras mas lugares conozco, mas me acerco a la idea de los mundos paralelos de mis sueños. Los lugares no se parecen ni por los bordes a lo que sueño, en mis sueños todas las ciudades huelen mas a putas y oscuridad que en la realidad y lejos de ser paraísos parecen ser distopías de un mundo industrial mal parido. Pero empiezo a tirar de mi inconsciente por alguna punta que sale en el momento menos indicado y de repente, como un submarino que gana flotabilidad de golpe, aflora el alma del lugar. La distopía y lo que veo son máscaras de esa realidad intangible. Nietszche decía que el alma se hizo para despreciar al cuerpo, y en esa sutil definición iba marcando el principio del agónico final de un extremo sanguinario que condenaba las herejías y las pulsiones naturales. Nietszche mató a la iglesia porque antes la iglesia había matado a Jesús. Todo debía ser mensurable, inescrupulosamente perfecto, porque la naturaleza hablaba con números. De repente la proporción aúrea y el número pi aparecían hasta en los tornados y todo se fue fríamente al carajo. Y acá, atento lector, preste mucha atención porque le puedo enseñar a trabajar en la “máquina de predecir comportamientos”: Tomamos una nube bastante prolífera de datos, representamos todos esos datos en función de dos o mas variables y tratamos de ver una curva que encaje en ella. Si no logró nada, revise los puntos anteriores (seguramente metió la pata cuando hizo las encuestas, observaciones, mediciones, etc.) y vuelva a intentarlo. Si encontró alguna lógica a su trabajo, póngase a pensar una explicación consistente en el porque de esa relación y empiece a pedir becas. No importa lo descabellado que parezca su razonamiento: la lógica, el rigor científico y la maquinaria feroz de producir conocimiento estéril lo avalan. ¡Salten a la yugular científicos! ¡Salten a la yugular científicos! Para defender los paisajes paralelos de mis sueños quiero discurrir con ustedes, porque para mi la matemática es un arte hermosa e imperfecta y quienes hablan realmente con números, son grandes artistas. Hagamos esta analogía: Hay músicos que luego de años de estudio y práctica dominan a la perfección cada vericueto de su instrumento, pero no por ello encontramos en sus manos el germen de un Hendrix o un Segovia. Lo mismo pasa con las matemáticas: por más que alguien domine a la perfección el calculo infinitesimal o todos los métodos estadísticos, no es nada sino le pone una chispa de creatividad. Porque la creatividad es eso que nos lleva a escalar montañas en las llanuras de la monotonía. Y por ello creo que en mis sueños una parte del Universo se expresa, porque mas allá de mis Challaos con autopistas rodeadas de verde y casas universitarias, me gusta pensar que tengo un mundo personalizado. Por lo general en las mañanas, con los primeros bostezos de té, trato de recordar y contarle todo a la perfección a mi compañera, porque aunque veces mi mente es sombría, quiero estar con ella en ese lugar. Aunque quizás no quiera, tiene comprados miles de tickets a todos mis sueños.

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