El sortilegio de la esmeralda


 

Vinciguerra, espero tu magia nuevamente...

Caían nuestros pasos en el sendero, empeñábamos este presente en el “collar de montañas” que te coronaba reina de nuestros anhelos, cuna de un futuro que jamás llegaría. Vivíamos suave pero deprisa, eramos conscientes que nuestros tiempos estaban marcados y que mas allá de eso solo existiría lo incierto, un futuro de sortilegios, de palabras que en primera instancia tratarían de abarcar con fidelidad el pasado pero que luego irían dejando que la imaginación hiciera lo suyo. Nos íbamos escurriendo en transparencias, perdíamos nitidez y el barro se volvía inerte a nuestras pisadas. La noche nos cegaba de sombras, vos me hablaste de un hijo que no fue, de un corazón que se aborta, yo pensé en un sueño que se hace bonsai para entrar en una maceta de treinta segundos. Te escuchaba mientras paladeaba tu pelo que llenaba mi nariz de fragancias  y vos con un palo tanteabas el terreno como lazarillo ciego. La Cruz del Sur nos lloraba, sabíamos que después de allí solo existiría una bifurcación infinita hacia el horizonte. ¡Boa sorte, Qué mi eco te hinche las velas de la espalda!

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