“Esas viejitas que iban caminando descalzas por el medio del bosque”


El regreso de Perón en la memoria de Eduardo “Carlón” Pereira Rossi, miembro de la conducción nacional del Movimiento Peronista Montonero, en un reportaje que se le realizara en agosto de 1982.

[Eduardo Pereira Rossi y Osvaldo Cambiasso fueron secuestrados el 14 de mayo de 1983 en el bar Magnum de Rosario. Tres días después se anunció que habían muerto en “un enfrentamiento armado” en Zárate con una comisión del Comando Radioeléctrico de la Unidad regional Tigre al mando del oficial inspector Luis Abelardo Patti. Las pericias constataron que Osvaldo Cambiasso había muerto tras recibir un balazo en la nuca a menos de un metro de distancia  y que Eduardo Pereyra Rossi había sido torturado con picana.]

Entrevista a Eduardo “Carlón” Pereira Rossi

…Y el día anterior nos habíamos preparado, ahí en el barrio, (Merlo, provincia. de Buenos Aires), un grupo se iba a quedar en el barrio y otro grupo iba a participar de la movilización hacia Ezeiza, porque todavía no sabíamos muy bien cómo se podía dar eso, y preferimos dividir la fuerza y que en caso de represión no cayéramos todos presos y quedara por lo menos gente afuera para poder seguir.

Ese día fue muy lluvioso, nadie durmió esa noche, y a eso de las cuatro de la mañana paramos unos micros urbanos que comenzaban a circular y arreglamos con los choferes para que nos acerquen lo más que pudieran a Ezeiza, pues estaba todo acordonado por las fuerzas militares.

Llegamos a la madrugada a la autopista y al arrimarnos para iniciar el camino hacia el aeropuerto, comenzaron los enfrentamientos con los militares; con lo cual a la media hora de estar intentando pasar, el núcleo con el cual habíamos partido estaba totalmente disperso en los bosques de Ezeiza, cada uno por su lado.

La consigna era llegar al aeropuerto, verlo a Perón. Posteriormente nos encontramos con otros compañeros de otras zonas en proximidades de Ciudad Evita, donde se juntaron cerca de 10.000 o 15.000 compañeros aproximadamente, que estaban en las mismas condiciones que nosotros; y que venían de hacer varios intentos de romper el cordón militar.

En ese momento decidimos formar una columna bien organizada, fortalecimos los flancos de la columna y la cabeza, para tratar de pasar.

Nos encolumnamos y comenzaron a dispararnos, a tirarnos gases lacrimógenos, tiros al aire y la columna se mantuvo bien formada hasta un punto en que se hizo imposible conservar la disciplina de la gente, y el grueso de la columna comenzó a correr hacia el único lugar donde no había militares.

Siempre avanzando, pero tratando de buscar el punto mas débil de la concentración militar.

Eso era todo lo que se pensaba cuando se comenzó a correr hacia uno de los flancos, pero en realidad al pasar un montecito había una hilera, -y me pareció infinita en aquella oportunidad -, de soldados con bayoneta calada, que impedían el paso.

Ahí hay una imagen que siempre guardo, que es que mientras íbamos corriendo, -además, era un espectáculo impresionante por la cantidad de gente que lo hacia-, un compañero, -desconocido para mi-, que se había subido a una especie de lomita que había sobre el terreno y en medio de la niebla que provocaba la lluvia y los gases lacrimógenos agitaba una bandera argentina.

Era una imagen de guerra verdaderamente.

Cuando llegamos donde estaban los soldados, nos tuvimos que frenar porque nos pinchábamos con las bayonetas, y además nos amenazaban con disparar.

Entonces, los que llegamos primero a la línea, tratamos de frenar a los que venían detrás nuestro, que no sabían lo que pasaba porque no podían ver el despliegue militar.

En esas circunstancias se produjo una situación muy tensa entre esa primera línea de la movilización y los militares que estaban en perfecto orden, con las bayonetas caladas a la altura de la cintura.

En ese momento de tensión se produce una situación muy particular: Uno de los compañeros, -muchacho joven-, da un paso al frente,-o sea, nos separaba un metro y medio de los milicos-. Da un paso al frente, se abre la camisa que llevaba toda mojada e increpando a los soldados que tenia al frente les dice: ¡¡¡Tiren!!!, Hijos de puta, ¡¡¡Tiren!!!, y yo observo desde esa posición que tenía como otros muchachos al ver el ejemplo de ese compañero, también dan un paso al frente, se abren la camisa increpan a los soldados y les dicen: ¡¡¡Tiren, Tiren!!! ¡¡¡Tiren, Tiren!!!

Frente a esa situación todos creíamos que en ese momento se iba a producir una verdadera masacre.

Pero a pesar de eso… los soldados, que eran muchachos como nosotros, -y alguno tal vez peronista-, comienzan a sentirse conmocionados por esa actitud y esa firmeza.

Nunca he visto algo semejante, porque como si hubieran recibido una orden comienzan a llorar, a emocionarse frente a esa situación, comienzan a bajar la vista y los fusiles, -con los que nos estaban apuntando-, poco a poco, hasta que llega un momento que esas bayonetas que nos estaban amenazando, ya no nos amenazan más.

Los fusiles están bajos y el oficial que estaba a cargo o lo oficiales a cargo gritan a los soldados: ¡¡Levanten los fusiles o los mato a todos!!. Es impotente para volver las cosas donde estaban antes. Cuando mis compañeros y toda la gente que estaba ahí se da cuenta de la situación, bueno, se escucha un alarido de triunfo, ¡¡Viva Perón Carajo!! que se repite y se repite… y los pasamos por encima….

Después seguimos una larga travesía, en donde nos tiraban con lo que tenían a mano, y poco a poco nos iban desviando del rumbo original, fue así que cruzamos el Rió Matanza. Ví cruzar ese rió a ancianas de 70 años que salían descalzas del rí y seguían inquebrantables con el objetivo de recibir y apoyar a Perón. Cosas cómicas, como un compañero que cruzando el río con el agua hasta los hombros llevaba abierto el paraguas para no mojarse.

Y así fue que estuvimos caminando por el medio del bosque sin saber dónde quedaba el aeropuerto. Y terminamos desembocando en un barrio de la aeronáutica, que queda en la parte de atrás del aeropuerto, a ese barrio llegamos 12 compañeros, todos empapados, llenos d barro y con un hambre que nos moríamos. Pero cuando llegamos allí ya había sido el arribo del avión en el que llegaba Perón…. y bueno como ese era un barrio de la aeronáutica nos detectaron inmediatamente, no teníamos donde escondernos, llego un camión militar y un jeep y nos metieron presos hasta el otro día.

No nos pasó nada, en ese momento los militares muy bien no estaban a esa altura en condiciones de hacer demasiadas cosas con nosotros. Fue un día inolvidable, memorable, por la forma en que el pueblo peleo, intentó llegar a Ezeiza a recibir a su líder, el general Perón, pero esa escena que no hay que olvidarse, que no olvido. Esas viejitas que iban caminando descalzas por medio del bosque, fue algo impresionante, me marcó como militante.

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