Llamado del añil



Búscame donde sientas que está ardiendo,
donde se eternizan los recuerdos,
donde no me encuentres porque ya estuve,
donde se olvidaron de quererte.

(Sobrevolando un sueño, El “Santi” Feliú)

Llamaron los vientos y nuevamente mis pasos quisieron acariciar alturas.
Allí, entre susurros de sol, tu nombre iba desgarrando las nubes,
desteñía el cielo, lo hacía jirones.
Las uñas se clavaban en mi piel
¡Ah, tu sed de escarcha desesperada arremetía
en un agónico llamado del añil!
Nuestra aurora se quebraba,
cubría de blanco los pasos.
Me susurrabas al oído un último poema,
brillabas en el cadalso de las musas furibundas.
Envuelto en cavilaciones tomé tus seis letras
las fui haciendo pequeñas hasta que entraron en un cristal
y prendidas a un cuello blanco las dejé libres,
libres de ser gigantes en el cielo,
presas de un firmamento que las hacía pequeñas.

Un comentario en “Llamado del añil

  1. que bueno, Ale, al fin lo entendi, es hermoso, muy limpio y puedo entender ese sentimiento que tiene uno al dejar algo tan presiado para que sea LIBRE. a veces, esa prision del firmamento puede existir cuando uno añora mucho a alguien y encierra un alma de golondrina en una jaula, que aunque la alimentes y le des calor y amor siempre, en algun momento, de tristeza muere

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