Entre las colinas



Puedo reconocerme frío, vil espectro de metal solar
movimiento grácil que engulle perigeos olvidados.
Entré a la vida empujado por el viento matinal
observé entre escombros el resurgir de mi carne.
Estridentes cometas infernales, ¡oh, distante cisne!
Cándidos entre tus dedos, germinaron ocres amaneceres.
¿En qué poesía nítida el espasmo del amor melló mis ojos?
Sentir qué la estructura va limitando el accionar,
que los esquemas se bañan de locura
y salen ilesos, ¡Oh, Ilusos!, de sonrisas.
Un paso aquí (la turba espera mansa desde las gradas)
los dedos se desencajan, van demoliendo el pensamiento.
Ya soy todo aire, siempre fluyendo nunca real (Medjai sententia)

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