Letras y Tabaco


Me espantaba pensar que iba a recorrer con las pupilas los muebles, el piano y todas esas cosas en las que todavía eTipo con Pipastaban cautivas nuestras manos, enredadas con las hojas muertas de los libros. Tenía el dolor de perseguirte en esas fotos, pero también sabía que me hallaría llevando las huellas hacia rojos en lenta agonía amarilla. Ya son las tres menos veinte de la mañana, el badajo de algún campanario pende inerte de sienes herrumbradas, una patrulla de esperanzas socava bares hastiados de los mismos pre-burgueses. Mañana se despertaran tarde, con modorra, pero ¡Ah, varones letrados! Le habrán ganado una vez mas la pulseada a la historia, y creerán que el mundo giró (por lo menos esa noche) a sus anchas y se sentirán una parte minúscula de la historia desde el cómodo rechinar de las sillas. Dormirán sus voces pródigas en la cómoda donde esconden sus disfraces, extenderán los dedos buscando el Página/12 o Le Monde y descubrirán (No sin asombro, cerrando los ojos y resoplando), lo que se debe hablar en la oficina mañana para disentir con sus colegas. Lavarán la taza del café y volverán a llenar de números las planillas.

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