Trinidad I






Extiendo las manos al rocío de un infierno oculto

y el áspero miedo germina en la extensión del tiempo

Salto del bosquejo de la autobiografía al sofá del amor

y una mirada mutila este pasado macabro.

Son tantos crímenes que morir no apacigua el dolor.

La desmemoria no quita:

ni la mancha de mis pasos,

ni el torbellino de la furia,

ni el grito olvidado en los campos,

ni la sangre manando de la yugular,

ni mi sonrisa oculta en el disfraz,

ni el roce de mis dedos con tu tensa piel,

ni el llanto en el centro del éxtasis,

ni la tierra tapando lo imposible.

Hoy sangra el estúpido recuerdo,

gime desde la alfombra un camino púrpura

que lleva a la necrosis de este silencio plagado de ruidos.

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