8 – Ajedrez Punto 15


Falta un módulo para escapar del lugar. Caminan lentamente, suavizando los bordes del espacio. Todo en ese momento es vulgarmente normal. Todo lo que mas duele es en algún momento vulgarmente normal. No se percatan del sol liberando rayos sobre sus cuerpos, volviendo visible todo el mundo al común de los seres. Marfil blanco, peón negro, caballo blanco. Se repiten los movimientos pero no la partida. Un mismo movimiento no genera un juego similar. Daiana los observa atentamente. Vio en el brillo del jugador de piezas negras un pedacito de su vida futura y se acercó. El jugador de negras no conoce mucho el paño pero es ducho para adaptarse a esas circunstancias. Preguntas de rigor. El juego de ajedrez pasa a un segundo plano y ahora todo su interés está centrado en esa misteriosa niña. Toma su mano y la deshoja como quien desgrana una piedra de mica. La luz del lugar solo atenúa el fulgor de su piel. Es tiempo de volver, deja su mano y le promete volver a verla en la puerta. Ha ganado otra batalla, agregó un punto a su partida. Daiana es el punto 15. Hora de salir. Siente el temor en su cuerpo, hace un vano y sutil intento para huir pero ya es inevitable. Las manos han aprisionado furtivamente su rostro y una boca inesperada le quita la miel de los labios. Suficiente. El punto 15 se entregó como un servatillo herido que en un ultimo acto de bondad le regala su cuerpo a las fieras.

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