6 – Estrellitas Festivas


Ha decidido quebrar su soledad y hoy puede percibir dentro del corazón que el mundo requiere su presencia. Enciende un cigarro y arden las ideas y los sentimientos en su brasa. No aguanta mas: Toma el portaminas y esboza una frase en el papel. No le parece mal para ser su primer intento. Mucho esfuerzo. Se dirige hacia la heladera y destapa un vino. Sorbe un corto trago que perpetua los taninos en su lengua. Ahora si era él. Sonríe y le ofrece un trago a Nadie. Nadie no lo rehúsa y de un seco envión extrae una gran cantidad de líquido. Ambos se abrasan y están muy a gusto el uno con el otro. Le ofrece asiento y Nadie acepta gustoso. ¡Ah, la mutua compañía! Tiene un presentimiento. Al parecer la vida le ha guiñado un ojo y ahora ofrece sus manos abiertas rebosantes de frutos rojos. Lo ha comprendido, ahora si, realmente lo ha comprendido. Son las cero horas con doce minutos de un viernes, no puede aguantar.

Desfila por las calles blandiendo como única arma y escudo protector su saeta envenenada. Por todos lados hay luces, sonrisas, grupos, pero sabe como buen estratega que no es el momento de utilizar su adminículo bélico en esos terrenos. Deambula siguiendo una sinfonía oculta en lo mas áspero de su alma. Escarba suciedades hasta que sus oídos perciben música con olor a silencio, notas musicales que ocupan ese lugar ubicado entre el placer, el sentimiento y el pensamiento. El arte circunda el baricentro del triangulo. No se insertaba con violencia en su ser, no necesitaba la estridencia para proclamarse expresión sino que dulcemente iba tomando asiento en el alma. Conjugación perfecta, es el lugar, no se puede resignar a pasarlo por alto. Entra.

Se encuentra agazapado en el rincón mas oscuro del café literario. Bebé un sorbo de café y en su sabor alcanza a percibir algo de humanidad. No es el café lo que está tomando, sino el trabajo del cosechador, los intereses de la empresa, el hambre y la miseria de los hijos del cosechador, el procesado de la materia prima, el discurso de un presidente alabando las ventajas que implica la inversión extranjera, la preparación final del café y la posterior presentación en su mesa. La frase le sale como una punta de la garganta pero se abstiene de escupirla. El clima del lugar le va haciendo un lazo en los pulmones incitándolo a hablar. Se bajan las luces, una persona sube al escenario y recita la siguiente poesía:

Amor, oscuro sentimiento agigantado en la distancia

Cientos de aves recitan el poema agitado y tú no estas

Beben los gorriones agua pestilente de una cloaca

Enferman el aire, obstruyen los cielos y tú no estás.

Es tiempo de libarte poco a poco y dejarte correr

El negro sabor bajando por la montaña y tú no estas

Desgracia mía, sonrisa ajena brotando de la nada

Todos obstruyen los cielos, son felices, y tú no estas

Corto silencio, aplausos, sonrisas, etc. No puede más, está cianótico de contener la frase en el estomago. Por fin de entre las gentes, surgió su voz como una estocada asesina: “Somos una multiplicidad de percepciones compitiendo por la ceguera”. Silencio, aparente incomprensión maquillada con aire intelectual, afirmaciones, miradas, y por fin ese aplauso que se escapa como un rugido infernal. Sonríe como nunca ha sonreído. Algunos se le acercan, le toman las manos, otros menos demostrativos, lo observan de reojo a la distancia. Daiana no notó nada especial en la frase, pero si descubrió el contenido oculto del hombre que la soltó al vacío. Esa noche ambos sin hablarse ni cruzarse una mirada se van a dormir con una sonrisa que se les escapa del centro de las mejillas.

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